
Existen fracturas que no pueden verse a través de las radiografías, se trata de heridas tan poco comunes que pueden engañar con facilidad al ojo humano y sin embargo están allí, alojadas en el lugar más recóndito de tu alma: heridas que no sangran pero nunca dejan de doler, debes aprender a vivir con ellas porque son las imborrables huellas de tus derrotas, el placentero sufrimiento de saberte vulnerable.

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